jueves, 14 de abril de 2016

Empezar de nuevo (Isabel Keats)



Sinopsis: Cuando el coronel Schwartz fue a recoger al nuevo doctor se llevó una incómoda sorpresa: en vez del hombre que esperaba, se encontró frente a una atractiva mujer de aspecto frágil. La presencia de una doctora, joven y brillante, en un pueblo perdido del Congo era un misterio que el implacable militar, acostumbrado a no pasar nada por alto, estaba decidido a desentrañar.
Para Alexandra, África era un sueño cumplido y, al mismo tiempo, una huida hacia adelante. Trabajar en el pequeño dispensario, velando por la salud de sus agradecidos pacientes le encantaba; la única pega que le encontraba a su nueva existencia era la presencia del inquietante y severo coronel Schwartz que, a pesar de sus esfuerzos por mantenerlo alejado, amenazaba con derribar las barreras que tanto le había costado erigir a su alrededor.

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Quiero dejar constancia que a mí me gusta el género romántico. En realidad me gustan todos los géneros, porque leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Pero quería aclararlo porque, quizás, alguien esté pensando que odio las novelas románticas y no es el caso. Simplemente que últimamente todas las que leo son así, tan especiales como ésta (léase el tono sarcástico en esta última frase).

Tenemos a una doctora francesa, Alex, que tiene una pena inmensa por su marido, (fallecido hace cinco años), aunque no lo demuestre mucho. Bueno, sí le sale la angustia y la añoranza cuando un tío bueno la besa. Después tenemos a Harry, que es la versión G.I.Joe de coronel de la ONU. Ya sabéis: americano; alto; musculoso; corte de pelo al estilo ejército, muy a la moda; soso, como siempre le queda el arroz a mi madre, y parco en palabras. Un encanto de hombre, vaya.

La doctora aterriza en el Congo como médico de una misión religiosa que está bajo el protectorado de la ONU, y él es el que se encarga de proteger el recinto y sus alrededores, aunque en realidad es el hombre para todo. Tiene tantos recursos, contactos y enchufes que bien podríamos estar hablando de un alcalde español.

La historia se desarrolla en la misión, la doctora atiende a los pacientes y el coronel hace sus cosas de coronel. Ocurren algunas cosas, hay varias situaciones peligrosas, enfermedades, guerrillas, un capitán congoleño más chulo que un ocho y nuestra historia de amor. Analicemos esto último: para ser tan serio, formal y correcto, Harry cae rendido a los pies de la doctora casi inmediatamente... un poco rápido, ¿no? Ella se pasa medio libro en sus cosas sin prestar mucha atención al pobre coronel, aunque luego bien que se deja besar y acariciar. La carne es débil. Pero a las monjas de la misión no les importa que se tomen estas libertades. Son así de modernas.

Al principio da que pensar que el coronel sea tan arisco, se empieza a barajar varias ideas, que se alistó en el ejército por alguna razón oscura por ejemplo. Luego se descubre que no es un hombre atormentado y que en realidad no tiene motivos para ser así de frío e irritante. Ella parece Heidi en algunas partes, tan feliz y dichosa de haberse trasladado al paraíso de los mosquitos, tan ajena a todo... ¿es que no le produce algo de tristeza o pesadumbre ver como viven esas personas? Le encanta trabajar sin descanso todo el día y apenas repara en nada más. Hay algo en la relación entre los dos que falla, no hay chispa. Uno que se enamora en un breve período de tiempo, ella que no quiere ni acercarse a él aunque luego se deje hacer, y un poco de tira y afloja entre ellos. No hay conexión. Es verdad que su primera aventura río arriba está bien, es amena, pero la segunda con los soldados congoleños parece un poco forzada. También la enfermedad de Alex se ve como introducida a martillazos. Parece que la autora hubiera querido añadir situaciones para alargar un poco la narración. 

Lo del periodista francés ni merece la pena mencionarlo. Típico personaje creado sólo y exclusivamente para dar celos. Ya está.

En resumen, se puede leer. Había oído mucho sobre esta autora y esperaba más. En el relato hay muchos párrafos que sobran. Información que no aporta nada a la historia. Con que me cuente una vez que las cenas eran muy agradables y entretenidas es suficiente, no hace falta señalar lo mismo cada vez que comen. Y pensaréis que estoy obsesionada con lo de los idiomas, pero no me ha quedado claro en ningún momento en qué idioma hablaban entre ellos, con los demás, con los soldados, etc... ¿todo en francés?

Para echar el rato mientras esperamos la siguiente temporada de The Walking Dead.

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