lunes, 25 de abril de 2016

El amante japonés (Isabel Allende)



Sinopsis: A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


(Spoilers Alert!!!)


Isabel Allende es única contando sagas familiares. Nunca lograré comprender cómo lo consigue, es increíble la manera que tiene de contarte la vida de cada uno de los miembros de una familia sin convertir el libro en un tomo de la Enciclopedia Británica.

La historia cuenta la vida de Alma, una niña polaca que es enviada, al principio de la Segunda Guerra Mundial, a EE.UU. con sus parientes que viven en San Francisco. Realmente nos cuenta la vida de cada una de las personas que aparecen en el libro, pero lo hace de una forma que se antoja distraída. Ni te das cuenta que te estás enterando de vida y milagros de todo el mundo. Esta mujer contratada en el Hola iba a ser una fuente inagotable de chismes.

Es básicamente un relato de amor, de un amor imposible que sobrevive a través de los años y las circunstancias de la vida. Sé que suena profundo, pero Isabel Allende es así. A través de su vejez, Alma nos cuenta qué ha sido de su vida década tras década, al tiempo que comparte un poco de la historia del mundo. Su amor por el jardinero japonés, la imposibilidad de estar juntos y la superación de los obstáculos gracias a la intensidad de sus sentimientos es a la vez, doloroso y esperanzador. La novela entera está envuelta en un halo de tristeza... por el tiempo perdido, el amor sufrido y las flores marchitadas. La vida no trató bien a Ichimei, el jardinero japonés, un hombre bueno que vivió con una enorme melancolía pero que aceptó la vida tal y como le vino. Un hombre con dos esencias: la propia y la de Alma. 

En segundo plano está el personaje de Irina y su enamorado Seth. Me gustan estos chicos, y suponemos que al final sale adelante lo suyo, juntos. La autora no nos da detalles al respecto. La perseverancia de Seth es admirable, ¡ese chico es una joya! Imagino que el motivo de no adentrarse en su relación más a fondo es porque el libro es de Alma, la narración le pertenece a ella. No quiere que nadie le quite protagonismo. 

Siempre me ha gustado Isabel Allende, son memorables "La casa de los espíritus" y "De amor y de sombra", mis favoritos. Aquí encuentro la historia predecible, desde el momento en que Alma llega a San Francisco y entabla amistad con su primo y el hijo del jardinero sabía lo que iba a pasar. Tampoco hay que ser un lumbrera porque el título lo resume todo bastante bien. Pero... esperaba algún giro repentino en la trama, o la revelación de un secreto impactante. Sin duda lo más inesperado es la orientación sexual de Nathaniel, marido de Alma y el hombre con el corazón más grande que me haya encontrado en mucho tiempo. Esto es ser buena persona y lo demás, es cuento.

Como dije al principio, esta escritora tiene un talento innato para crear una familia y después desmenuzar a los miembros de la misma, uno a uno, contándote su forma de ser,  sus virtudes y defectos, sus secretos, sus sueños. Éste no es de sus mejores libros. No obstante, me ha encantado. Hay personajes entrañables que me han llegado al corazón.

Isabel Allende no decepciona. Sabes como escribe, conoces su estilo y por eso te gusta. O no. Para gustos, los colores.

jueves, 14 de abril de 2016

Empezar de nuevo (Isabel Keats)



Sinopsis: Cuando el coronel Schwartz fue a recoger al nuevo doctor se llevó una incómoda sorpresa: en vez del hombre que esperaba, se encontró frente a una atractiva mujer de aspecto frágil. La presencia de una doctora, joven y brillante, en un pueblo perdido del Congo era un misterio que el implacable militar, acostumbrado a no pasar nada por alto, estaba decidido a desentrañar.
Para Alexandra, África era un sueño cumplido y, al mismo tiempo, una huida hacia adelante. Trabajar en el pequeño dispensario, velando por la salud de sus agradecidos pacientes le encantaba; la única pega que le encontraba a su nueva existencia era la presencia del inquietante y severo coronel Schwartz que, a pesar de sus esfuerzos por mantenerlo alejado, amenazaba con derribar las barreras que tanto le había costado erigir a su alrededor.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


Quiero dejar constancia que a mí me gusta el género romántico. En realidad me gustan todos los géneros, porque leo cualquier cosa que caiga en mis manos. Pero quería aclararlo porque, quizás, alguien esté pensando que odio las novelas románticas y no es el caso. Simplemente que últimamente todas las que leo son así, tan especiales como ésta (léase el tono sarcástico en esta última frase).

Tenemos a una doctora francesa, Alex, que tiene una pena inmensa por su marido, (fallecido hace cinco años), aunque no lo demuestre mucho. Bueno, sí le sale la angustia y la añoranza cuando un tío bueno la besa. Después tenemos a Harry, que es la versión G.I.Joe de coronel de la ONU. Ya sabéis: americano; alto; musculoso; corte de pelo al estilo ejército, muy a la moda; soso, como siempre le queda el arroz a mi madre, y parco en palabras. Un encanto de hombre, vaya.

La doctora aterriza en el Congo como médico de una misión religiosa que está bajo el protectorado de la ONU, y él es el que se encarga de proteger el recinto y sus alrededores, aunque en realidad es el hombre para todo. Tiene tantos recursos, contactos y enchufes que bien podríamos estar hablando de un alcalde español.

La historia se desarrolla en la misión, la doctora atiende a los pacientes y el coronel hace sus cosas de coronel. Ocurren algunas cosas, hay varias situaciones peligrosas, enfermedades, guerrillas, un capitán congoleño más chulo que un ocho y nuestra historia de amor. Analicemos esto último: para ser tan serio, formal y correcto, Harry cae rendido a los pies de la doctora casi inmediatamente... un poco rápido, ¿no? Ella se pasa medio libro en sus cosas sin prestar mucha atención al pobre coronel, aunque luego bien que se deja besar y acariciar. La carne es débil. Pero a las monjas de la misión no les importa que se tomen estas libertades. Son así de modernas.

Al principio da que pensar que el coronel sea tan arisco, se empieza a barajar varias ideas, que se alistó en el ejército por alguna razón oscura por ejemplo. Luego se descubre que no es un hombre atormentado y que en realidad no tiene motivos para ser así de frío e irritante. Ella parece Heidi en algunas partes, tan feliz y dichosa de haberse trasladado al paraíso de los mosquitos, tan ajena a todo... ¿es que no le produce algo de tristeza o pesadumbre ver como viven esas personas? Le encanta trabajar sin descanso todo el día y apenas repara en nada más. Hay algo en la relación entre los dos que falla, no hay chispa. Uno que se enamora en un breve período de tiempo, ella que no quiere ni acercarse a él aunque luego se deje hacer, y un poco de tira y afloja entre ellos. No hay conexión. Es verdad que su primera aventura río arriba está bien, es amena, pero la segunda con los soldados congoleños parece un poco forzada. También la enfermedad de Alex se ve como introducida a martillazos. Parece que la autora hubiera querido añadir situaciones para alargar un poco la narración. 

Lo del periodista francés ni merece la pena mencionarlo. Típico personaje creado sólo y exclusivamente para dar celos. Ya está.

En resumen, se puede leer. Había oído mucho sobre esta autora y esperaba más. En el relato hay muchos párrafos que sobran. Información que no aporta nada a la historia. Con que me cuente una vez que las cenas eran muy agradables y entretenidas es suficiente, no hace falta señalar lo mismo cada vez que comen. Y pensaréis que estoy obsesionada con lo de los idiomas, pero no me ha quedado claro en ningún momento en qué idioma hablaban entre ellos, con los demás, con los soldados, etc... ¿todo en francés?

Para echar el rato mientras esperamos la siguiente temporada de The Walking Dead.

sábado, 2 de abril de 2016

La chica del tren (Paula Hawkins)



Sipnosis: ¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso? Rachel, sí. Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? Tú no la conoces. Ella a ti, sí.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

(Spoilers alert!!!)


¡Qué pedazo de libro! (Buen comienzo para que sigáis leyendo, ¿eh?). Tenemos aquí un thriller que te atrapa y engancha desde el principio. 

Rachel, la protagonista, no levanta cabeza desde su divorcio hace dos años. Ha perdido su trabajo y bebe como un cosaco. Al principio sientes bastante empatía por ella cuando te enteras de su situación y piensas que en su lugar estarías igual de destrozado. Pero con el tema de la bebida llega un momento en que te cansa de que vaya todo el tiempo haciendo eses por la calle. ¿Es que esta chica no se da cuenta que su ex no quiere saber nada de ella? 

Hace creer a su compañera de piso que sigue trabajando, y todos los días coge el tren que la lleva a Londres (el gasto en billetes de tren debería haberla hecho recapacitar desde luego, que ésto es Inglaterra). Es desde ese tren donde se fija en una pareja que vive en una casa cuyo patio trasero da a las vías del tren. Da la casualidad, que esa casa está en la misma calle en la que vivía ella con su ex. Sí, lo sé, estaréis pensando que vaya coincidencia y quizás sí es un punto flojo de la historia, pero creo que la autora lo compensa con creces más adelante.

Su vida se complica aún más cuando desde el tren ve algo en la casa de la pareja que la hace enfadar. Ella ha idealizado a estas dos personas, piensa que son la pareja perfecta. Lo que ella habría querido tener con su ex marido. Sigue sin enterarse que su ex pasa de ella. ¡Si se ha vuelto a casar! Pero aquí es cuando la historia se pone interesante.

El libro está escrito en primera persona, pero no sólo desde el punto de vista de Rachel, también leemos lo que piensan y hacen las otras dos mujeres que aparecen en el libro. Eso hace que la narración sea fácil de seguir. Siempre he pensado que en las historias contadas en primera persona, el lector se perdía muchas cosas que acontecían a los otros personajes. Aquí la escritora hace un gran trabajo en ese aspecto y la historia realmente se convierte en un thriller auténtico, lleno de suspense, con muchas situaciones y hechos que no conseguimos descifrar. Consigues ir atando cabos por palabras de una persona, los recuerdos de otra, un pensamiento de la tercera... Aunque en realidad, lo que de verdad lo vuelve todo confuso es la mente de Rachel, que debido al alcohol está sumida en una espesa niebla. No es capaz de recordar nada de los momentos en que se encuentra ebria (y son muchos). Conforme pasas las páginas, vas ansiando que Rachel consiga recuperar la memoria, sacar a la luz la información que está enterrada en su mente, porque es la única forma de averiguar qué es lo que en realidad ocurrió.

Encontramos relaciones desastrosas, obsesiones, psicópatas, personas inestables, un asesinato, una alcohólica, trenes que van y que vienen, y un pelirrojo que pensé que tendría más protagonismo en la historia. Es verdad que en varias ocasiones a lo largo del libro te dan ganas de pegarle dos sopapos a la protagonista, y también sorprende un poco su actitud al final. No te esperas que actúe de la forma en que lo hace. ¿Pues no era una mujer alcoholizada y débil? Lo que le hace a la muchacha estar un par de días sin beber...

Incluso con estos pequeños detalles, es una buena historia. La autora consigue que sientas y padezcas todo por lo que pasa Rachel, te mete en la trama y lo vives (aunque te canses de tanto gin-tonic). En algunos puntos me ha recordado a las maravillosas novelas de Agatha Christie, página tras página intentando encontrar una pista para saber quién es el asesino (con todos mis respetos a la Sra. Christie que siempre será la reina del suspense).

Punto final: la sargento Riley es insoportable, que lo sepáis.